100 Millones de plásticos menos: el reuso ya opera a escala en 13 patios de comida del Ecuador

  • El sistema de Huella Verde combina vajilla reusable, recuperación de residuos y empleo formal; el siguiente reto es extender el modelo a nuevos espacios de consumo dentro y fuera del país.

Un plato, un vaso o un cubierto utilizado durante pocos minutos parece tener un impacto reducido cuando se observa de manera individual. La dimensión cambia cuando el consumo se multiplica diariamente en los patios de comida. Desde 2018, Huella Verde contabiliza los artículos de un solo uso que son reemplazados por vajilla reusable dentro de su operación y, luego de 8 años de gestión, esa medición alcanzó los 100 millones de plásticos evitados.

La cifra corresponde a platos, vasos y cubiertos que dejaron de utilizarse como desechables en los patios de comida donde funciona el sistema. El proceso comienza con la entrega de vajilla reusable a los restaurantes; después del consumo, esta regresa a estaciones de recolección, es trasladada a áreas de lavado y sanitización industrial y posteriormente vuelve a los establecimientos. Paralelamente, los residuos orgánicos y reciclables son separados para su aprovechamiento. Este esquema coincide con el modelo que Huella Verde define como reemplazo de envases de un solo uso y recuperación de aquellos residuos que no pueden evitarse.

“Alcanzar los 100 millones de plásticos de un solo uso evitados demuestra que el reuso puede incorporarse a gran escala en espacios de consumo cotidiano. Este resultado ha sido posible gracias a la participación de centros comerciales, restaurantes, consumidores y de todo el equipo que hace funcionar el modelo cada día. Más allá de la cifra, lo importante es comprobar que podemos cambiar hábitos y avanzar hacia una forma de consumo en la que reutilizar sea cada vez más natural”, señala Andrea Garzón, fundadora y gerente de Huella Verde.

La operación permite observar el alcance del modelo más allá del número acumulado de desechables:

  • 100 millones de platos, vasos y cubiertos de un solo uso evitados desde que comenzó la medición en 2018.
  • 13 patios de comida participan actualmente en la operación reportada por Huella Verde.
  • 986.202 kilogramos de residuos orgánicos han sido recuperados y entregados a gestores para su aprovechamiento, evitando su disposición en rellenos sanitarios.
  • El ahorro de agua acumulado equivale, según los cálculos reportados por Huella Verde, a aproximadamente 93 piscinas olímpicas.
  • La operación genera actualmente más de 80 empleos.
  • El 35 % del equipo está conformado por jóvenes de entre 18 y 25 años; para varios de ellos representa su primera experiencia laboral formal.
  • Cada entrega de vajilla es registrada digitalmente y validada por los restaurantes. La información posteriormente se consolida en reportes mensuales por centro comercial.

El crecimiento del modelo también ha producido un efecto menos visible que la reducción de residuos: empleo asociado a la economía circular. Lavado, sanitización, control de calidad, distribución, recolección y gestión operativa requieren equipos permanentes. Huella Verde reporta actualmente más de 80 colaboradores y señala que parte de su contratación se concentra en jóvenes que enfrentan barreras para acceder a su primera experiencia laboral formal.

Esta dimensión laboral muestra que la discusión sobre los desechables no se limita al material que termina o no en un basurero. La sustitución de un modelo lineal (usar y desechar) por uno basado en el reuso requiere infraestructura, logística y personas capaces de mantener el ciclo funcionando todos los días.

Del patio de comidas a nuevos espacios:

Después de alcanzar los 100 millones de desechables evitados, la siguiente discusión para Huella Verde es la escala. Actualmente trabaja en 13 patios de comida, mientras que la organización identifica al menos 60 espacios de este tipo en Ecuador en los que podría implementarse un esquema similar. El objetivo planteado también contempla otros lugares de alto consumo de desechables, como restaurantes en playas, áreas protegidas, escuelas, ferias y eventos deportivos.

La expansión plantea, sin embargo, un reto que acompañó al proyecto desde sus primeros años: demostrar que el reuso no solo puede reducir residuos, sino funcionar operativamente y competir económicamente con productos desechables de bajo costo. Para los restaurantes, el sistema implica además modificar procesos cotidianos de almacenamiento, abastecimiento y devolución; para los consumidores, supone incorporar el acto de devolver la vajilla como parte de la experiencia de consumo.

Garzón considera que avanzar hacia una mayor escala dependerá tanto de decisiones empresariales como de la participación cotidiana de los consumidores.

“Queremos seguir sumando a más patios de comida de Ecuador y apoyar para que más lugares donde muchas personas se alimentan y utilizan desechables los reemplacen por reusables”, recalca Andrea Garzón quien además destaca que este tipo de experiencias puede replicarse posteriormente en otros países de América Latina.

El hito de los 100 millones permite así poner el foco no únicamente en cuánto plástico dejó de utilizarse, sino en una pregunta de mayor alcance: cuántos espacios de consumo cotidiano pueden dejar de depender de objetos fabricados para utilizarse durante unos minutos y desecharse inmediatamente después.